El pasado domingo en Suiza se daba un referendum acerca de la construcción de minaretes en las mezquitas. La circunstancia es que el 57,5% de los suizos, con un 45% de abstencion(22 de los 29 cantones) , no quiere minaretes, y no es solo una discusión arquitectónica sino que implica que las posiciones más radicales de los más derechistas y xenófobos se imponen creando una ola de conmoción en Europa y un punto de reflexión para el resto de países.Suiza tiene un 22% de población inmigrante de la cual apenas un 5 % profesa la religión islámica en las diferentes Mezquitas en Suiza de las cuales, sorprendentemente, solo cuatro tienen minaretes y desde ninguno se llama a oración. Los suizos con esta decisión se enfreta directamente a los musulmanes al establecer un voto de rechazo a su estancia real, diaria, cotidiana, en el país. El trasfondo de todo esto es que los pensamientos más radicales, van permeando la sociedad apoyándose en la diferencia, la crisis y creando de esta manera un caldo de cultivo para seguir creciendo.
No creo que a nadie le despierte por la mañana la llamada del muecín desde el minarete pero nadie quiere tener una mezquita cerca y el minarete implica psicológicamente la existencia de un templo musulman. A nadie le han atracado o robado cerca de una Mezquita, o al menos no más que cerca de una iglesia o una Sinagoga, pero la mezquita nos recuerda que la patria que antes era blanca y pura ahora esta hollada por pies sarracenos. No se trafica cerca de las Mezquitas pero no nos gustan cerca. A mi mismo no me gusta y su existencia parece agresiva en el skyline neutro o cristiano de las ciudades de Europa y, para los más radicales, son el heraldo de una Europa islamizada, Eurabia, crecida y alimentada con nuestras propias libertades, votos y derechos.
Esta xenofobia, Islamofobia, de origen discreto y no muy justificado parece aposentarse en el hecho de que estos inmigrantes, cuya integración no cumple el unirse a nuestras iglesias y tener nuestras creencia, queremos dejarles fuera, que sigan siendo transeúntes de paso en nuestras sociedad y no dejarles acceder al universo maravilloso de nuestros derechos: libertad de culto, libertad de pensamiento, libertad de expresión, estado de derecho. Preferimos que sean los esclavos dignos, pero con pocos derechos, de una Atenas europea que les necesita y después, en los paseos de los sábados por la tarde, en nuestro ocio, desaparezcan y no nos dejen ver sus gestos extranjeros, sus acentos antañonamente enemigos y sus preces a la Meca.
Este es el trasunto terrible, una sociedad igualitaria que no quiere ser equitativa, prefiere serlo solo en teoría y dejar posteriormente un poso de intransigencia en asuntos tan menores como estos ignorando, quizás, que quienes blanden de manera clara la luz de la patria, la cultura y la tradición como luciferes vivos tienen también la semilla del horror, la intransigencia y la violencia porque negocian o nos intentan llevar por el camino falaz de la renuncia a los derechos y libertades conquistados desde aquel día, catorce de de julio, de 1789 donde la turba parisina tomó la fortaleza de la Bastilla ante el silencio del monarca frente a sus reivindicaciones.
El hecho que el se decida mediante referendum me lleva, inconscientemente, a la eterna cita de Borges sobre la democracia, si, aquella tan malinterpretada. La democracia sigue siendo la exageración de la estadística, en este caso la que permite a la población sesgarse por unos cartelones electorales que simulan burkas terribles y minaretes que son misiles hacía la blanca Europa. Es la democracia manipulada para atentar contra el fundamente básico de la democracia, entender al que piensa diferente y reconocerle derechos y capacidad de consenso y todo ello con un 45% de abstención.
Por supuesto las ultraderechas europeas se han frotado las manos, llevan ya tiempo haciéndolo, y se ven animadas a un escenario de enfrentamiento y efectismo. Efectismo siempre rentable en una situación de crisis, no lo olvidemos.
Frente a esta situación, la de no reconocer la libertad de culto en la liberal Europa, hay otro asunto emparentado que no puede dejarse a un lado y se blande en este discurso. El crecimiento de la población emigrante y la cada vez mayor presencia de personas que cuestionan, desde los derechos que les asisten, la Europa democrática y liberal pretendiendo implantar lo más retrógrado y terrible del Islam, hoy el pañuelo anonimizador, mañana la prohibición de las niñas para hacer gimnasia, pasado el concretar matrimonios convenidos. Una cosa son los derechos, inalienables, y otra luchar contra los derechos desde el mismo estado democrático que lo permite pero no hasta el último límite. En ese punto se encuentran los radicales antiminarete y los musulmanes que quieren acabar con la democracia liberal. Mañana, cómo podremos echarnos la mano a la cabeza cuando en muchos países musulmanes, casi todos, se proscriba la religión de la cristiana Europa.
Radicalismos sin pro en Recuerdos del día de mañana.
Mapa: http://go.hrw.com/atlas/span_htm/switzlnd.htm
Imagen: http://www.bbc.co.uk/mundo/internacional/2009/11/091129_1500_minaretes_suiza_med.shtml
No creo que a nadie le despierte por la mañana la llamada del muecín desde el minarete pero nadie quiere tener una mezquita cerca y el minarete implica psicológicamente la existencia de un templo musulman. A nadie le han atracado o robado cerca de una Mezquita, o al menos no más que cerca de una iglesia o una Sinagoga, pero la mezquita nos recuerda que la patria que antes era blanca y pura ahora esta hollada por pies sarracenos. No se trafica cerca de las Mezquitas pero no nos gustan cerca. A mi mismo no me gusta y su existencia parece agresiva en el skyline neutro o cristiano de las ciudades de Europa y, para los más radicales, son el heraldo de una Europa islamizada, Eurabia, crecida y alimentada con nuestras propias libertades, votos y derechos.Esta xenofobia, Islamofobia, de origen discreto y no muy justificado parece aposentarse en el hecho de que estos inmigrantes, cuya integración no cumple el unirse a nuestras iglesias y tener nuestras creencia, queremos dejarles fuera, que sigan siendo transeúntes de paso en nuestras sociedad y no dejarles acceder al universo maravilloso de nuestros derechos: libertad de culto, libertad de pensamiento, libertad de expresión, estado de derecho. Preferimos que sean los esclavos dignos, pero con pocos derechos, de una Atenas europea que les necesita y después, en los paseos de los sábados por la tarde, en nuestro ocio, desaparezcan y no nos dejen ver sus gestos extranjeros, sus acentos antañonamente enemigos y sus preces a la Meca.
Este es el trasunto terrible, una sociedad igualitaria que no quiere ser equitativa, prefiere serlo solo en teoría y dejar posteriormente un poso de intransigencia en asuntos tan menores como estos ignorando, quizás, que quienes blanden de manera clara la luz de la patria, la cultura y la tradición como luciferes vivos tienen también la semilla del horror, la intransigencia y la violencia porque negocian o nos intentan llevar por el camino falaz de la renuncia a los derechos y libertades conquistados desde aquel día, catorce de de julio, de 1789 donde la turba parisina tomó la fortaleza de la Bastilla ante el silencio del monarca frente a sus reivindicaciones.
El hecho que el se decida mediante referendum me lleva, inconscientemente, a la eterna cita de Borges sobre la democracia, si, aquella tan malinterpretada. La democracia sigue siendo la exageración de la estadística, en este caso la que permite a la población sesgarse por unos cartelones electorales que simulan burkas terribles y minaretes que son misiles hacía la blanca Europa. Es la democracia manipulada para atentar contra el fundamente básico de la democracia, entender al que piensa diferente y reconocerle derechos y capacidad de consenso y todo ello con un 45% de abstención.Por supuesto las ultraderechas europeas se han frotado las manos, llevan ya tiempo haciéndolo, y se ven animadas a un escenario de enfrentamiento y efectismo. Efectismo siempre rentable en una situación de crisis, no lo olvidemos.
Frente a esta situación, la de no reconocer la libertad de culto en la liberal Europa, hay otro asunto emparentado que no puede dejarse a un lado y se blande en este discurso. El crecimiento de la población emigrante y la cada vez mayor presencia de personas que cuestionan, desde los derechos que les asisten, la Europa democrática y liberal pretendiendo implantar lo más retrógrado y terrible del Islam, hoy el pañuelo anonimizador, mañana la prohibición de las niñas para hacer gimnasia, pasado el concretar matrimonios convenidos. Una cosa son los derechos, inalienables, y otra luchar contra los derechos desde el mismo estado democrático que lo permite pero no hasta el último límite. En ese punto se encuentran los radicales antiminarete y los musulmanes que quieren acabar con la democracia liberal. Mañana, cómo podremos echarnos la mano a la cabeza cuando en muchos países musulmanes, casi todos, se proscriba la religión de la cristiana Europa.
Radicalismos sin pro en Recuerdos del día de mañana.
Mapa: http://go.hrw.com/atlas/span_htm/switzlnd.htm
Imagen: http://www.publico.es/internacional/273902/suizos/oponen/construccion/minaretes
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