Hoy he vivido el llanto de las nubes, algo enrabietado, y, también, el sol excelente de un verano que se ha dejado atrás. Es otoño, la maldición del cuarto trimestre, de depresivos y de heliófílos. El tiempo donde el sol se va acabando, el calor huye, el frío llega y la lluvia emponzoña con su buena intención los caminos solariegos por los que deambular.
Estamos en el otoño permanente de Castilla, la Castilla de Almadormida (Recuerdos del día de mañana)
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